#Codigo Madre Esfera ADS

Se suele hablar mucho sobre cómo enseñar a tu bebé a hablar, a caminar e incluso dormir, pero poco se dice sobre qué te puede enseñar a ti tu bebé. Soy más bien de la corriente que piensa que a un niño no se le enseña, si no que aprende solo. Es más, estoy segura de que cada niño y niña sabe muy bien lo que necesita aprender en cada fase de su vida. Eso sí, siempre y cuando los adultos seamos capaces de captarles y de ofrecer o facilitar aquello que les ayude en ese proceso.

Desde que soy madre mi vida ha cambiado en muchos aspectos. Creo que a la mayoría de nosotras nos pasa algo parecido de una u otra manera. Lo que no me imaginaba es que un bebé podría enseñarme tanto y hacerme cuestionar muchas cosas sobre la crianza, la maternidad y la vida en sí. ¿Te cuento lo que voy aprendiendo día a día?

1. Estar presentes

Es algo que le fascina a mi cabeza trotamundos. Me paso el día en el pasado o en el futuro, corriendo, haciendo cosas, pensando en lo siguiente sin disfrutar del ahora. Y me paro y veo a mi hijo. Ahí, sentado, observando, tocando y chupando un cepillo del pelo (le fascina) sin pensar en nada más que en lo que está haciendo. Y se respira serenidad. Está totalmente concentrado. Le da igual si después de esto vamos a ir a pasear o no, si ayer le dolían los dientes o si lleva unos pantalones que no le quedan del todo bien. Está presente, y no le ha hecho falta leer ningún libro sobre el tema para lograrlo.

2. Maravillarse con lo cotidiano

Es precioso ver la capacidad de asombro con cada cosa que van descubriendo. A mi bebé le sigue encantando mirar la lavadora, el cubo de la fregona y los cajones llenos de cosas. Muchas veces son objetos que ya ha visto más veces, y aún así lo contempla con fascinación. ¿Y yo? Pues nada, de vez en cuando agradezco tener estas cosas, pero lo que es maravillarse, no lo hago. Y creo que debería hacerlo, porque si nos paramos a pensar un poco, las cosas que nos rodean son increíbles.

3. Admirar la naturaleza

Y si los bebés alucinan con la lavadora, ¿cómo no van a hacerlo con un árbol? Ollie empezó a fascinarse por las copas de los árboles desde bien pequeñito, y ahora con cosas más al alcance de su mano como piedras, hojas o colillas (sí, y mira que intento hacer limpieza en los alrededores cuando llegamos al parque…). ¿Y cómo es posible que no nos demos cuenta los adultos? ¿De verdad todas esas flores de distintos colores, árboles, aves son tan corrientes? ¿Y las estrellas, montañas y estaciones? Nos vamos olvidando de las cosas que realmente dan sentido a la vida, y les prestamos cada vez menos atención.

4. No tener miedo a explorar

Me considero una persona bastante aventurera, que se propone salir de la zona de confort, que ha viajado mucho…y aún así, hay cosas que o me dan miedo o me dan repelús. Los insectos son una de ellas. A mi hijo no parece importarle, y espero siga siendo así y no transmitirle mi rechazo por esos seres pequeñines de patas cortas. De momento solo se asusta cuando uso la batidora (y tampoco me extraña, ¡menudo ruido hace!)

5. Estar abierto a nuevos sabores y texturas

¿Una hormiguita negra? ¿Un mejillón? ¿Y esta hoja…? ¿Comerías todo lo que tu bebé se lleva a la boca? Es cierto que lxs niñxs exploran el mundo mordiendo y chupando durante varios meses (si se les permite). Yo intento dejar que mi hijo descubra a su antojo siempre y cuando no sean objetos o elementos peligrosos. Mucha gente me dice que es poco higiénico lo que hacemos, que puede intoxicarse o ahogarse, y siempre respondo lo mismo: mientras haya seguridad y una persona que acompaña y prevea los riesgos, quiero que mi bebé investigue.

Y si tiene que llevarse tierra (que no piedras) a la boca para darse cuenta de que no se come, que lo haga. O si quiere chupar las ruedas del cochecito para ver qué son, pues adelante. Si alguna de estas cosas os parece intolerable, os recomiendo ver un documental que cambió mi perspectiva de lo que es seguro o limpio y me hizo ver más claramante qué es una infancia feliz. No podemos evitar todos los males a nuestros hijos, pero sí podemos hacerles frustarse y quitarles las ganas de descubrir si interferimos demasiado y cortamos su deseos muy a menudo.

6. No tener prejuicios

Los bebés nacen así, totalmente puros. Sin ideas preconcebidas, malos rollos, escrúpulos o preocupaciones. Vienen al mundo con la seguridad de que van a hacerse cargo de ellos y sus necesidades hasta que ellos sean capaces de hacerlo por sí mismos. Y son pequeñas esponjas que se van empapando de lo que ven, oyen y sienten a través de su cultura y sus seres cercanos. Menuda responsabilidad tenemos los adultos, ¿no? Yo cada día me lo propongo: desprenderme de juicios innecesarios y, sobre todo, no transmitírselos a él.

7. Saber lo que necesitas (y pedirlo)

Este punto me parece especialmente importante hoy en día. Muchos de nosotros estamos muy desconectados de nuestros sentimientos por varias razones: tiempo, estrés, incapacidad de analizarnos, rechazo hacia nuestras necesidades…Tengo claro que esto viene, en gran medida, del pasado y de cómo gestionaron nuestros cuidadores nuestras necesidades y sentimientos. Y por eso es tan importante aprender de lo que nos ha pasado e intentar ser mejores personas para nosotros mismos y nuestros hijos.

Mi bebé SIEMPRE sabe lo que necesita y lo pide hasta que lo consigue. Todos los bebés nacen con esa capacidad, y es super importante que la mantengan porque va a determinar, en gran medida, un apego seguro. Nos hemos asegurado de que tenga sus necesidades de afecto, contacto, alimentación y estímulos cubiertas y hacemos un esfuerzo cada día por interpretar sus señales para que se sienta entendido y atendido. Obviamente, a veces no nos es posible por una razón u otra. Y no pasa nada cuando son momentos puntuales y razonables. También es bueno un pequeño grado de frustración. Pero mi hijo sabe que estamos ahí cuando nos necesita y que sus necesidades son escuchadas. El día de mañana, los bebés cuyas necesidades han sido respetadas tendrán más capacidad de convertirse en adultos autónomos y capaces de gestionar sus propios sentimientos y necesidades.

8. Levantarse cada día con alegría

Llegan las 7 de la mañana y tu bebé está a todo gas, mientras tú pagarías por dormir un par de horas más. ¿De dónde sacan tanta energía? Y no les hace falta café ni ducha para despejarse: se despiertan con ánimo y alegría de vivir porque sí. ¿Y por qué no, verdad? Según abren un ojo, están practicando lo que aprendieron los días anteriores. Ollie está ahora en la etapa de agarrarse a todo para ponerse de pie. Y eso mismo hace según se despierta, sujetarse a lo que pille (cabecero de la cama incluido) y erguirse.

¿Por qué a muchos adultos nos cuesta tanto espabilarnos? A mi me supone un sacrificio horroroso madrugar (aunque es verdad que dando el pecho cada dos horas no se descansa mucho). Probablemente también tenga que ver con la falta de conexión con nuestra naturaleza y la alteración de nuestros ritmos circadianos, tan importantes para regular el sueño. 

9. Olvidarse de la vaguería

¿Alguien conoce a algún bebé vago? Los hay más dinámicos y más tranquilos, pero no los que quieren quedarse tumbados sin hacer nada todo el día. Según van pasando los meses, cada vez son más enérgicos (y agotadores para quienes no tenemos la misma energía). La naturaleza de un bebé lo anima a explorar, intentar, caerse y levantarse, correr, saltar…Vamos, igual que la mayoría de nosotros 🙂

10. Practicar y practicar

Un niño no sabe que no es capaz de algo hasta que: a) lo intenta varias veces y se da cuenta de que no es posible (alcanzar una estanteria muy alta para él) o b) alguien le dice de antemano que no lo va a conseguir. Obviando las situaciones peligrosas, ¿cuál de estas dos opciones crees que le harán un adulto más confiado, más fuerte, con más autoestima? Sinceramente admiro la capacidad que los niños tienen para no darse por vencidos. Y es que la práctica hace al maestro 🙂

11. Estar en sintonía con el cuerpo

Mientras lees esto, ¿cómo estás sentada? Y tu cuello, ¿qué postura tiene? Esta es una de las cosas que más me fascina de mi bebé: la lógica de su cuerpo. Se agacha doblando las piernas, mantiene la espalda recta y es capaz de tocarse la nariz con la punta del dedo gordo del pie. Un yogui en toda regla. Son unos expertos en higiene postural, no cabe duda. También saben cuándo tienen hambre y cuándo parar de comer. Sin más. Y mira que nos choca a los adultos, que comemos por muchas razones pero no siempre por hambre. Así que cada día me maravillo y le copio intentando hacer que mi cuerpo vuelva a su salud y estado natural.

12. Ser fiel a tí mismo

Si a tu bebé no le apetece que la vecina del quinto le coja, te lo va a decir alto y claro: llorando. Y si pones en una hamaca o sillita donde no se respeta su postura y está incómodo, se va a quejar. Y le da igual que te moleste, que no sea el momento o que todo el supermercado se entere. Hasta que sea capaz de gestionar sus sentimientos o de explicar lo que pasa con palabras, va a dejar clara su postura. Por si fuera poco, cuando son pequeños ni siquiera te van a guardar rencor si se han sentido mal por alguna razón. ¿Le das un golpe sin querer con la escoba en la cabecita? ¿Se cae de la cama por accidente? Pues nada: llorar, consolarse y pasar página.

 

¿Qué otras cosas has aprendido tú de tu bebé? 

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