#Codigo Madre Esfera ADS

Hoy vengo a despedirme parcialmente. Y no, no cierro el blog ni dejo de escribir. Pero sí dejo Instagram, al menos la parte más »social» de la red. Hace meses escribí una entrada donde comentaba el bucle en el que entramos las madres estando todo el día solas con un bebé, y que acabamos tirando del móvil más de lo que nos gustaría. Compartí con vosotras mis razones para dejar de mirar el móvil mientras hacemos cosas tan íntimas y especiales como dar el pecho, y hasta escribí una serie de tips para desconectar del móvil en general.

Hoy quiero ir más allá. En los últimos meses siento que no estoy presente. Que no estoy donde tengo que estar en este preciso instante. Ya de por sí suelo divagar bastante, pensar mucho, dar muchas vueltas a la cabeza, organizar y reorganizar todo una y mil veces. Pero esta sensación no era la misma. Y además es diferente: hay una persona a mi lado casi 24 horas al día, que sigue mis pasos, que me observa, que me empieza a imitar. Y no me gusta no estar presente para él. Lo detesto.

Muchos días me encontraba pensando qué foto hacer para el siguiente post, qué story subir para promocionar una entrada. Otras veces me agobiaba la lista de mensajes por responder que se iban acumulando, o la necesidad y autoexigencia de contestar a los comentarios de las fotos. Y todo esto actuando como un robot frente a mi hijo, que se entera más de lo que nos podemos imaginar, que espera, que va normalizando situaciones que no son ni quiero que sean normales. En fin, que no estaba donde tenía que estar: Aquí, ahora, conmigo y con mi hijo.

Varias veces he pensado, ¡a la mierda!, cierro Instagram y me olvido del blog. Pero siempre me venían los peros, la soledad que parece menos mala con un móvil en la mano, la necesidad de ver qué hacen otras madres en mi entorno, la emoción de ver los likes y comentarios que asoman al poco de publicar algo. Y qué queréis que os diga: me he plantado. Que no quiero ni pensar las horas (y días) que se me han ido siendo víctima del sistema (30 minutos al día, como mínimo, por año y medio son muchos minutos). Sé que a veces parece que vamos a estar aquí para siempre. Que la vida está aquí esperando por nosotras. Que estos minutillos que no prestamos atención a las personas que queremos nos los van a devolver.

Pero déjame decirte: te vas a morir. La gente que te rodea también se va a morir. No vas a estar aquí infinitamente, oliendo el pelo de tu bebé, acariciándole, mirando sus pestañas, llevándole al parque. Lo que hoy es monotonía mañana será añoranza. Y cada día no es un día más, sino uno menos.

A partir de ahora, seguiré pulicando posts de vez en cuando en mi cuenta de Instagram a través de la APP Later. Gracias a esta web no es necesario usar el móvil para subir contenido. Lo que ya no haré será estár presente en Instagram contestando mensajes o respondiendo comentarios. Probablemente deje de aparecer por el feed de muchas de vosotras (Instagram premia a quien más rato pasa en su aplicación, a quien más comenta  e interactua con los usuarios. Un poco de miedo, ¿no?).

Sin embargo, no desaparezco. Sigo aquí, al otro lado, podéis mandarme emails (esos sí los leo una vez al día y los respondo), podéis comentar mis posts, o también podéis dejar de hacerlo. Yo sé que he tomado la decisión que me hace más feliz, la que más acorde va con mi forma de ver la vida, la que me va a hacer disfrutar más de este momento y serenarme. Y la que le debo a la gente que me importa y en especial a mi hijo, a quien quiero criar apartado de las pantallas.

Os agradezco de corazón el acompañamiento virtual que me habéis dado todos estos meses. Ha sido un placer tener una tribu como vosotras, siempre pendientes, siempre con una palabra de aliento o un consejo, siempre al otro lado. Y en honor a la crianza respetuosa, os digo ciao para respetarme a mi misma y respetar a mi hijo.

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