#Codigo Madre Esfera ADS

Si me conocéis en persona o me seguís por las redes, ya lo sabéis: he ido con mi hijo colgado día y noche desde el momento en que nació. Según me levantaba por la mañana, me le colocaba en el fular o en la camiseta que ya os he recomendado muchas veces, y excepto en situaciones totalmente inevitables (ducha, sobre todo), no lo sacaba de ahí. Me encantaba la sensación de estar con él permanentemente, como durante el embarazo. Pero os seré sincera: también era por satisfacer mi necesidad de control, de saber que estaba bien, que respiraba, que no se sentiría abandonado. Me declaraba anti-carritos totalmente, no he usado uno hasta los 18 meses y me parecían casi un instrumento de tortura. Yo siempre tan yo, tan radical y exagerada.

Hoy, 22 meses después y habiendo dejado el porteo para días de lluvia o momentos puntuales (Ollie va caminando a todos lados), lo recuerdo y me da la risa. Leí tanto sobre los beneficios del piel con piel y del contacto que (como siempre), se me fue un poco la cabeza. Y hoy vengo a contaros que el porteo es precioso, sí, pero que tiene una cara B que pocas madres porteadoras mencionamos. En mi caso, todos estos puntos han ido apareciendo y/o empeorando con el paso de los meses. También tengo que admitir que me encanta caminar y que suelo andar por lo menos dos horas al día (¡o solía, antes de portear!). ¡A ver si a vosotrxs os ha pasado algo parecido!

1. Sí, el bebé pesa

Nada más nacer, casi no se nota el peso del bebé al cargarlo. Comparado con la barriga de embarazada, te parece hasta ligero. Y es cierto que si empiezas a portear desde el nacimiento, el bebé irá cogiendo peso progresivamente a la vez que tú ganas fuerza. Pero llega un momento en que los bebés pesan, y mucho. Ollie siempre ha sido bastante pequeño (con 22 meses no pasa de los 12 kilos), pero yo soy muy bajita y a pesar de estar muy en forma por tanto portearle, es cansado, sobre todo en trayectos largos.

Y sí, me lo han preguntado mil veces: que si no me pesa, que si no me duele la espalda…y yo siempre respondía lo mismo: no es para tanto. Pero llega un momento en el que sí es para tanto y cuando vas sin bebé colgado vas casi levitando y te sientes más o menos dueña de tu cuerpo (y de tu vida) otra vez.

2. Duelen hasta las pestañas

Vale, estoy con el modo exageración on, pero quien haya porteado varios meses y diga que no le ha dolido algo en algún momento, miente o tiene un umbral del dolor muy alto. Hasta hace solo cuatro semanas, Ollie todavía se dormía en brazos (o mochila) cargado delante. Y qué queréis que os diga, nunca en mi vida he estado tan cansada y tan dolorida en tantas partes del cuerpo.

A mí me ha dolido de todo: los gemelos, la planta de los pies al final del día, la lumbar, el cuello, los brazos…No digo que duela todo a la vez, pero sí en distintos momentos, dependiendo mucho del tipo de portabebé, del trayecto y, obviamente, de la edad y del peso del bebé. También depende mucho -muchísimo- de lo mal o bien que te coloques la mochila, el fular o lo que uses para llevar a tu bebé. Lo que nos lleva al punto siguiente.

3. Hay que dominar la técnica

Sobra mencionar que es IMPORTANTÍSIMO elegir bien el portabebé y que no vale cualquier cosa que se vende (BabyJorn no, por favor). Pero obviando este punto y entendiendo que la mayoría de las madres que deciden portear a sus bebés se han informado bien y tienen un portabebé adecuado, queda recordar: tienes que saber colocártelo. 

Verás vídeos de Youtube, probarás con peluches, leerás blogs…pero la práctica hace la perfección. Y hasta que no practiques con tu bebé real y hagas y deshagas nudos una y mil veces, no habrás dominado la técnica. Yo me vi todos los vídeos habidos y por haber, probé y probé, fui a dos asesorías de porteo, y aún así no siempre estaba cómoda y no sabía cómo mejorar la situación. A veces me apretaban los nudos y no podía respirar, otras veces el bebé quedaba muy bajo, en ocasiones eran las tiras cerca del cuello las que se me clavaban…en fin, que habría ido mucho más cómoda empujando un carrito (en esos casos).

Porteo Emeibaby

4. Se pasa calor

Sí, se suda. Y mucho. No soy una persona especialmente calurosa pero porteando sudo la gota gorda. A pesar de seguir todas las recomendaciones para portear con calor, a pesar de llevar ropa de algodón orgánico 100%, transpirable, de colores claros y de comercio justo comprada específicamente para portear. A pesar de usar un portabebé que no de mucho calor. A pesar de caminar por la sombra y a horas en las que no pegue el sol…En fin, que sí, que llevar a un ser vivo de sangre caliente pegado al cuerpo da calor, y a veces un poco de distancia mejora la cosa.

5. Cargarás como un sherpa

Si pensabas que portear se limita a llevar al bebé a cuestas, estabas equivocada. ¿Y todas tus cosas? ¿Tu monedero, agua, neceser, llaves…? Pero ahí no acaba la cosa. ¿Y TODAS (en mayúscula, que son muchas) las cosas que necesita tu bebé? Porque déjame decirte algo: necesitarás cosas, y muchas más de las que crees.

No soy la típica chica que lleva bolsos gigantes llenos de cosas innombrables. Normalmente uso una mochila muy pequeña para llevar tres cosas: monedero, botella de agua, y neceser. Pero si a todo eso le sumas: pañales, toallitas, muda por si el bebé se mancha/moja, babero, chupete, paragüas en caso de lluvia, algo para picar (ya ni os cuento cuando los bebés empiezan a comer como adultos). Y no hablemos de chaquetas cuando por la noche refresca, gorro, bufanda, guantes en época de frío, un libro o e-book...Acabas cargando con mucho, mucho, mucho peso. Y es difícil decidir si es más cómodo llevarlo a la espalda (cuando porteas delante, si porteas detrás no te queda de otra), o colgado de un hombro, o encima de la cabeza.

¿Y si además vas al supermercado o a hacer alguna compra? Pues eso, que los carritos, a veces, son una herramienta muy útil.

6. Adiós a los paseos largos

Dicho esto, y después del punto anterior, os diré algo: si sois de mucho caminar, quizá se os empiecen a quitar las ganas de andar tanto. Porque acabáis reventadas. Porque al final del día no podéis con vuestra vida y no es solo el criar y pasar malas noches, es que lleváis varios kilos de más día tras día y se nota. Y si encima vuestro bebé (y no tan bebé) solo se duerme en brazos y tarda tanto como el nuestro , os plantearéis si ir a pasear durante el día o quedaros sentadas en un banco guardando energía para por la noche. Lo que nos lleva al siguiente punto. Dormir, esa es la cuestión.

7. Sí, los bebés se acostumbran

Creo firmemente que todos los bebés nacen con la necesidad de estar en contacto con su madre el mayor tiempo posible. No lo pongo en duda. Pero bajo mi punto de vista y según mi experiencia, si a un bebé se le portea 24 horas al día durante meses y meses, obviamente, será muy difícil que se acostumbre a estar, pasear o dormir de otra forma. Y sí, es muy bonito pensar que es así como debería ser, que somos mamíferos, que es una necesidad biológica. Pero agota y esclaviza, y más en el tipo de sociedad individualista en la que vivimos donde se cría prácticamente en soledad.

Resumiendo brevemente mi caso: mi hijo, hasta el día de hoy, no es capaz de calmarse o dormirse por la noche con nadie que no sea yo. Y hasta hace dos meses (que entonces tenía 20 meses), la única forma de dormirle era en brazos, caminando y meciéndolo durante AL MENOS 45 minutos. Y normalmente tardaba más que eso. ¿Por qué? Porque tampoco le he dado oportunidad de que se acostumbrara a otra forma de dormirse o a otra persona, por la culpabilidad, por la exigencia. Así que ya os podéis imaginar mi cara cuando mis amigas me dicen que se van de cena y dejan que la abuela duerma al bebé; o que su bebé se duerme en el carrito por la noche.

crianza respetuosa

8. Tu imagen queda en un segundo plano

No soy una persona especialmente coqueta, me arreglo en muy contadas ocasiones. Pero el porteo acaba haciéndote parecer que todos los días te pones lo mismo, sobre todo si solo tienes un portabebés. Durante los cinco primeros meses de vida de Ollie, llevé literalmente dos cosas: un fular azul marino (que encima no me gustaba) y la camiseta Amarsupiel. Eso, sumado a los kilos de más que cogí dando el pecho y las pocas ganas de arreglarme, me hacían sentirme poco guapa y no ayudaban a mi autoestima.

Claro que siempre puedes hacerte con fulares de varios colores, o con mochilas de texturas diferentes. Pero no te va a salir barato, de ahí el siguiente punto.

9. Te vuelves una loca de los portabebés

Yo ni sé cuántos fulares, mochilas, mei tais y bandoleras tengo. Ni idea. Cada vez que compraba uno nuevo, mi marido me miraba con cara de preocupación. ¿Se me estaría yendo de las manos? Pero no, si tenemos en cuenta el punto anterior (querer verte más guapa), con el furor que suele causar el porteo entre las madres, es más que razonable que queramos tener más de un portabebés. O más de 20.

Y es que llega un momento en el que quieres probar todos los tipos, o que te enamoras de un modelo en concreto, o que te recomiendan una mochila que dura más tiempo…En fin, las escusas son innumerables y las ganas de hacerte con ellos son muchas. Así que prepara el monedero, que a más meses de porteo más gasto conlleva. Eso sí, no te olvides de que en Wallapop y en algunos grupos de Facebook como éste se encuentran verdaderos chollos.

10. Los (benditos) comentarios

No podía cerrar este post sin agradecer a todas las señoras en la calle, los abuelos, las suegras y los vecinos que comentan una y otra vez sobre tu decisión de portear a tu bebé. Hay comentarios de mejor y peor gusto, algunos te hacen sonreír y otros morderte la lengua. Pero en cualquier caso, llevar a tu bebé colgado va a ser el centro de atención en el transporte público, en el parque y en la calle. No pasarás desapercibida. Te darán consejos (¿no es mejor llevarle delante?), pondrán tus miedos sobre la mesa (¿no te caerás encima del bebé y le aplastarás?), mostrarán su solidaridad (pobrecito, qué penita ahí tan apretado) e incluso te dirán que eres muy moderna. Vamos, que si te sientes con la necesidad de hablar con alguien un día, basta con ponerte el fular e ir a dar una vuelta. Diversión asegurada.

 

¿Te ha pasado algo parecido? ¡Me encantará leerte!

 

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